domingo, 11 de julio de 2010

Poema V Para que tú me oigas...

Para que tu me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cura.
Cascabel hebrio
para tus manos suabes como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas estan huyendo de mi guardia oscura
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que tu ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún veces las tumban.

Escuhas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esta angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.


Pablo Neruda

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